EL CIEGO DE OLABE

13,52 

Volando, casi sin tocar el suelo, el jinete de los malos augurios había pasado como una sombra a lomos de su caballo negro, dejando en la oscuridad del anochecer el eco de un terrible presagio.

De pronto, de la ventana abierta en lo alto de la casa-torre, unos gritos desgarradores subieron hacia las nubes, surcando el cielo como saetas en la batalla.

Se pudo ver a Leonor, la dama de Olabe, alzando en alto a su primogénito y mostrando al mundo la criatura de tres meses al que dos urracas, atraídas por la luz de la alcoba, acababan de arrancar sus preciosos ojos del color de las avellanas.

“¡Yo os maldigo urracas ladronas! Ni vosotras, ni vuestros familiares y descendientes volveréis a posaros en esta tierra hasta que hayáis devuelto la vista a mi hijo. ¡Malditas seáis!”

Aquel niño recibió el nombre de Oier, que en idioma vasco quiere decir “luz interior”. Así comienza la leyenda del Ciego de Olabe.

Editorial: EC.O EDICIONES CÍVICAS.O
Año de edición: 2015
ISBN: 978-84-941445-6-1
Páginas: 166

 

- +

UNAS PALABRAS DE PEDRO ZARRABEITIA:

Me encantó Andrea Camilleri cuando se empezaron a publicar en España sus novelas del comisario Montalbano en el año 2000. Me gustó, especialmente, cómo integraba su país en las historias que relata, creando un excelente muestrario de personajes cotidianos.

La idea de recrear el ambiente y los personajes anónimos que fueron populares en algún momento de la historia antigua del País Vasco, me movió a escribir este relato. Vidas atormentadas o admirables, hoy olvidadas, que generaron historias transmitidas oralmente y que se contaron innumerables veces en los hogares al calor del fuego.

Mi Sicilia particular es la comarca de Urdaibai, de donde son mis antepasados, concretamente del barrio Olabe de Mendata, en el que transcurre la leyenda del Ciego de Olabe. Narra la historia de Oier, uno de los innumerables bardos o trovadores que durante la Edad Media recorrieron Euskal Herria. Nuestro personaje pasó una infancia desgraciada debido a su ceguera y recorrió con sus versos las posadas y ventas del país y del Camino de Santiago, en compañía de su criado y maestro, un bufón bearnés. Los hechos históricos se entrelazan con amores, fantasías y hechizos, cercanos a la picaresca, propios de un cancionero medieval.

EL CIEGO DE OLABEEL CIEGO DE OLABE
13,52 
- +
Scroll al inicio