TIEMPO DE DUENDES

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Soñaba con viajar, con ver mundo y con olvidar mis pérdidas. Y aquel caminito bañado por la primavera invitaba a recorrerlo.

A su término encontré Uialcaral, donde fui engañada con falsas sonrisas y aduladoras miradas, y así de fácil me retuvieron hasta que llegaron las nieves.

Aquel año, bien lo sabíais, era Tiempo de Duendes. Un nombre demasiado bonito para un sortilegio tan oscuro. Tiempo de Duendes: una vez cada diez inviernos.

Y veinte años después llegó él a lomos de su caballo, embutido en el metal y cansado por el peso de sus dudas.

Este es un cuento fantástico que habla de frío y miedo con la voz de una sierva del mal. Un pueblo maldito es sutilmente devorado por las sombras para subyugar a un viajero recién llegado al que se intenta pervertir y atraer a las fauces de la oscuridad.

Editorial: EC.O EDICIONES CÍVICAS.O
Año de edición: 2015
ISBN: 978-84-941445-5-4
Páginas: 298

 

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UNAS PALABRAS DE DAVID CALLEJA:

Soy una criatura cambiante. Como todos. Como todo. Como mi forma de escribir también lo es. Estoy cimentado sobre los mampuestos de una edificación anterior. Y esta, a su vez, sobre los tablones de una vieja cabaña.

Al principio fueron los juegos de construcción: ensamblaba formas y colores sobre la alfombra de mi habitación, creaba escenarios y me inventaba historias. Más tarde llegó la palabra, encerrada en los bocadillos de un cómic. Fue un entretenimiento fugaz, en el que demostré una habilidad… limitada, aunque me sirvió para ensayar lo que vendría después: cuentos y novelas.

Poco importa el envoltorio. Todo ayuda en el camino. Los mecanos, las viñetas y los cuentos tienen la misma esencia: son rompecabezas a los que sólo arrancas una imagen si unes las piezas con coherencia.

Mi primera historia la redacté en el colegio. Todavía no lo sabía, pero tenía ya la irrealidad inyectada en las venas. Escribí con placer a pesar de los errores. De hecho, me encantó descubrir que se podía mejorar una frase con sólo añadirle o quitarle una palabra.

Mi profesor me hizo comprender lo que es una redundancia. Aún recuerdo, como si lo hubiera descrito ayer, aquel camino que serpenteaba entre las montañas como una serpiente. A partir de entonces continuó la construcción. Me reencontré con el juego.

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