LA SINGULARIDAD TERRÍCOLA

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Llego al futuro en busca de esperanza y me encuentro un mundo enigmático, confuso. Me basta un vistazo para saber que el ser humano ha cambiado. Las Consciencias extraterrestres guardan silencio, los robots son la herramienta opresora de la Federación y la humanidad está dividida. El futuro es tan malo como el pasado, o peor.
No debo precipitarme, necesito más datos, realizar un análisis completo antes de regresar a mi Tiempo.
Me uní a las Consciencias para realizarme. Divulgo las bondades de la simbiosis, cómo ofrece el siguiente paso en la evolución.
Nadie me cree, la humanidad no está dispuesta a dar un salto de fe. No la culpo, pues yo mismo empiezo a dudar. ¿Por qué no nos revelan su origen? ¿Qué tienen que esconder?
Llevo cuarenta años aceptando su mutismo. Lo llamaba confianza, pero era miedo, pánico a descubrir que me habían engañado.
Es hora de investigar Nueva Esperanza. La verdad, aunque duela, debe ser conocida.

Editorial: EC.O EDICIONES CÍVICAS.O
Año de edición: 2026
ISBN: 978-84-17359-41-6
Páginas: 308

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UNAS PALABRAS DE RUBÉN RAMÍREZ:

Después de un lustro escribiendo sobre los mismos personajes, llega el momento de la despedida. Tranquilos, no me pondré intenso diciendo que los echaré de menos y que lloré al teclear la última palabra.

Admito, eso sí, que emití un suspiro melancólico al acabar. Espero que la pasión que he puesto en el proyecto, desde que escribí “El secreto de Nueva Esperanza”, que iba a ser una novela autoconclusiva, hasta “La Singularidad Terrícola”, pasando por “La Era del Sueño”, se contagie al lector.

Y aquí me detengo para agradecer vuestro interés a los que habéis seguido la saga desde el comienzo y a los que os enganchasteis en algún momento del camino, mi único deseo es que el final os parezca adecuado. Sé que dejo a estos personajes en las mejores manos: las vuestras.

Pero se supone que esta introducción va sobre mí, así que os confesaré algo: la vida de un escritor es tan prosaica como la de cualquiera, no da ni para un microrrelato.

En este tiempo he aprendido que no es malo estar triste, porque te ayuda a dar importancia a los momentos de felicidad. Una charla estimulante, un chiste improvisado, una sencilla tarde con los amigos, una reunión familiar como las que detestaba hace años… Ahora los disfruto mucho más.

Vaya, al final sí que me he puesto intenso. Supongo que era inevitable. Pero basta de hablar de mí, vamos con lo importante. Espero que te sumerjas en “La Singularidad Terrícola” y la disfrutes tanto como yo. Porque la vida de Pablo, David y compañía es de las que dan para un montón de buenas historias.

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