UNAS PALABRAS DE DAVID CALLEJA:
Soy una criatura cambiante. Como todos. Como todo. Como mi forma de escribir también lo es. Estoy cimentado sobre los mampuestos de una edificación anterior. Y esta, a su vez, sobre los tablones de una vieja cabaña.
Al principio fueron los juegos de construcción: ensamblaba formas y colores sobre la alfombra de mi habitación, creaba escenarios y me inventaba historias. Más tarde llegó la palabra, encerrada en los bocadillos de un cómic. Fue un entretenimiento fugaz, en el que demostré una habilidad… limitada, aunque me sirvió para ensayar lo que vendría después: cuentos y novelas.
Poco importa el envoltorio. Todo ayuda en el camino. Los mecanos, las viñetas y los cuentos tienen la misma esencia: son rompecabezas a los que sólo arrancas una imagen si unes las piezas con coherencia.
Mi primera historia la redacté en el colegio. Todavía no lo sabía, pero tenía ya la irrealidad inyectada en las venas. Escribí con placer a pesar de los errores. De hecho, me encantó descubrir que se podía mejorar una frase con sólo añadirle o quitarle una palabra.
Mi profesor me hizo comprender lo que es una redundancia. Aún recuerdo, como si lo hubiera descrito ayer, aquel camino que serpenteaba entre las montañas como una serpiente. A partir de entonces continuó la construcción. Me reencontré con el juego.






